miércoles, 4 de abril de 2012
Lectores, el libro ha muerto.
domingo, 25 de marzo de 2012
Talleres de creación literaria
jueves, 15 de marzo de 2012
Esperando a que escampe
jueves, 8 de marzo de 2012
Poeta en Nueva York
mi torso limitado por el fuego.
Norma de amor te di, hombre de Apolo,
llanto con ruiseñor enajenado,
pero, pasto de ruina, te afilabas
para los breves sueños indecisos.
Pensamiento de enfrente, luz de ayer,
índices y señales del acaso.
Tu cintura de arena sin sosiego
atiende sólo rastros que no escalan.
Pero yo he de buscar por los rincones
tu alma tibia sin ti que no te entiende,
con el dolor de Apolo detenido
con que he roto la máscara que llevas.
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros niños.
Por los cristales rotos de la casa
la sangre desató sus cabelleras.
Tú solo y yo quedamos;
prepara tu esqueleto para el aire.
Yo solo y tú quedamos.
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
jueves, 16 de febrero de 2012
No estaba lejos, no era difícil
domingo, 12 de febrero de 2012
Quisiera ser centrojás
jueves, 9 de febrero de 2012
Dos puntos
lunes, 6 de febrero de 2012
Alucinación submarina
sábado, 21 de enero de 2012
Elogio de la ociosidad
martes, 3 de enero de 2012
El transformador metabólico
sábado, 24 de diciembre de 2011
Prólogo - presentación para la antología - apertura del IV Encuentro de Verdes Escritores y Escritoras (Moguer, Octubre de 2011).
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
viernes, 23 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
El libro negro
martes, 22 de noviembre de 2011
Desde la urgencia: mi primer contacto con la Sección Oficial del festival
Desde la urgencia: el Festival de Cine Iberoamericano 2011
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Se ha hecho esperar demasiado
domingo, 13 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
Literatura y actividad física.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Acerca de ¡Indignaos!
jueves, 13 de octubre de 2011
Mujeres y días
Fue mi amigo Manuel Sánchez Hernández quien me recomendó, hace ya un buen puñado de años, la poesía de Gabriel Ferrater y, por consiguiente, el libro Mujeres y Días, una excelente muestra de la obra del reusense que decidió no vivir más allá de los cincuenta. El libro cayó en mis manos mucho tiempo después. Probablemente, algún comentario hice en presencia de mi madre, que se apuntó el título para agradarme en alguno de mis cumpleaños y así fue cómo empezó la larga siesta que el volumen pasó en alguna de mis estanterías, con breves y bruscos despertares en los que le recordaba que se trataba de una de mis prioridades en materia de poesía, pero que, todavía, no encontraba el momento ni la tranquilidad suficiente para abordarlo. Este verano, al fin, comprendí que no podía seguir haciendo esperar a una promesa de placer intelectual. Y, desde luego, la lectura de Mujeres y Días no defrauda en ningún momento, empezando por las cuarenta y seis páginas de prólogo de Arthur Terry que lo encabezan. Estaba sediento de lo que llamamos poesía de la experiencia, de esa forma de concebir la poesía que, desde un exquisito dominio del ritmo y la métrica, nos regala inmensas porciones de vida real, del rutinario paso de los días y de su capacidad para construir un universo reflexivo que proporcione cierta seguridad, una hogar identitario en el que pasar las frías noches del invierno emocional. Ya el prologuista nos advierte desde el comienzo lo poco apropiado que sería hablar de Ferrater como un escritor que ha sido capaz de inventar su propio mundo y añade de forma certera: “A esto podríamos contestar que el único mundo que queremos es éste en el que vivimos, y, por consiguiente, que lo que esperamos de un poeta es que escriba unos cuantos poemas buenos sobre este mundo”. Es evidente el tipo de poeta ante el que estamos, capaz de hablar sobre la Guerra Civil a través de la anécdota de una excursión en bicicleta al campo, que se detiene en las dudas del amor cuando describe el miedo a los soldados, que entiende la verdadera naturaleza del desengaño como una mutilación. Es difícil hacer un repaso exhaustivo sobre todos los poemas memorables que el libro encierra, pero no me resisto a glosar unos cuantos que me han atravesado la piel y se han quedado alojados entre mis órganos. Uno de ellos es el extenso In memoriam, cuyo comienzo es casi un manifiesto:
“Al estallar la guerra, yo tenía
catorce años y dos meses. Poco
pensé en ella al principio. Andaba a vueltas
con algo que me sigue pareciendo
más importante. Había descubierto
Les fleurs du mal, lo que es como decir
la poesía, ciertamente, pero
hay algo más -no sé que nombre darle-
y es lo que importa. ¿Rebeldía? No.”
Por otro lado, son varios los textos que se detienen en el aspecto íntimo y temeroso del amor, en ese terreno resbaladizo que está detrás del estremecimiento de la carne o, más allá, en esa etapa en la que los verbos del discurso afectivo solo ofrecen su aspecto de pretérito imperfecto. El mutilado es un buen ejemplo de esa forma de construir una estética del desamor, un poema que recurre a la despersonalización como única defensa del abandonado y que emprende una desesperada huida hacia la complicidad con la mujer perdida a través de una premeditada tercera persona del singular. Pero, además, Ferrater nos ofrece una poética sobre esos instantes que suceden al amor carnal, ese territorio imprevisto en el que fluye el pensamiento y que tantos quieren resumir en un cigarro. A mi entender, el mejor de estos poemas es Ídolos, que a continuación os escribo y con el que termino. Ya sé que esto no se parece en nada a una buena reseña y yo no pretendo que lo sea, como tampoco pretendo seguir fabricando expectativas sobre un libro que no necesita quien lo defienda. Os dejo con Don Gabriel y cada cual que piense lo que quiera:
Entonces, cuando yacíamos
abrazados frente a la ventana
abierta al desmonte de olivos (dos
semillas desnudas dentro de un fruto que el verano
ha abierto violento, y que se llena
de aire) no teníamos recuerdos. Éramos
el recuerdo que tenemos ahora. Éramos
esta imagen. Ídolos de nosotros
para la fe sumisa de después.