Si no me falla la cuenta, en el año 2000, hubo un ciclo dedicado a Federicco Luppi en el Festival de Cine Iberoamericano. Era sábado y decidí acudir al Gran Teatro a ver una de aquellas películas, No habrá más penas ni olvido, una genial tragicomedia que mostraba cómo, en nombre de Perón, se pueden enarbolar banderas de ideologías radicalmente opuestas, se puede incluso asesinar a un compatriota que se declara abiertamente peronista. No fui consciente hasta doce años después de que, detrás de aquel genial guión, había un novelista, un escritor que, por un extraño camino, acabaría leyendo. Las pasadas navidades hice un intercambio temático de libros con mi amigo Miguel Mejía (con quien coincidí aquel sábado en el cine) y, entonces, volvió a tomar forma y superficie el recuerdo. Se hace raro pensar en un delantero centro con alma de narrador. Quizá no sea tan extraño si nos atenemos a los hechos y pensamos en un narrador con alma de delantero centro. Esta tarde quiero recomendar la lectura de un libro de relatos llamado Fútbol, una recomendación que es de obligado cumplimiento si se tiene en cuenta que se han escrito muy pocos libros salvables que giren alrededor del que llaman deporte rey. Un buen libro de relatos cortos sobre fútbol solo podía escribirlo un argentino y así fue. Osvaldo Soriano (1943 – 1997) alternó durante toda su vida las profesiones de periodista y narrador, pero nunca perdió la pasión cultivada desde la infancia por el balón, por el gol, por las gambetas... El libro mezcla los dos géneros que cultivó el talento de Soriano: el periodístico y el literario. Intercalados entre las narraciones, aparecen algunos reportajes sobre la historia de San Lorenzo o sobre algunos protagonistas del pasado del fútbol argentino. Sin embargo, es en el terreno de la ficción donde se puede calcular con exactitud la talla del narrador en cuyas manos nos hemos puesto. Los cuentos de Soriano afectan a todas las facetas del fútbol: los recuerdos de partidos en la infancia frente a niños de otros barrios, otros pueblos; la facilidad con que se asocia este deporte con el mundo emocional y sentimental; esos partidos de campeonatos regionales en los que el juego sucio y la tangana son una condición tan indispensable como el balón y las porterías; los árbitros, esos extraños personajes que disfrutan incomodando a todos los bandos; el miedo indescriptible a los penaltys y lo larga que puede hacerse la espera hasta que el toque de silbato autoriza la soledad y el sufrimiento del portero; los partidos amañados; las quinielas; las lesiones; el mundo polarizado de los entrenadores, sus historias profesionales, la eterna tensión entre orden y despliegue ofensivo. Plagados de referencias al cine, la literatura y la filosofía, los cuentos de Soriano no son un espejo del fútbol que vive entre el lujo y el reconocimiento. Los personajes son el extremo más alejado del crack mundial o el entrenador carismático y superestrella. Los futbolistas que habitan las páginas del libro hablan con frecuencia desde el retiro, desde una madurez muy alejada ya de los campos de juego. Hay árbitros con secuelas físicas de las palizas recibidas por sus decisiones y algún cowboy, hijo de Butch Cassidy, que hace respetar el reglamento con su revólver. Se puede asistir al testimonio del Míster Peregrino Fernández, futbolista de oficio que trotó por Europa durante los años treinta y cuarenta, que sufrió la ignominia de los campos de concentración y que se hace famoso como entrenador por sus equipos ultraofensivos y por alinear doce o trece jugadores durante los partidos en un despiste del colegiado. El amante del fútbol es una de las evoluciones del lector de literatura épica. No hay nada que se disfrute más que una remontada, por mucho sufrimiento que implique en su comienzo, de la misma forma que se vibra con la victoria final del héroe cuando parece que ya todo está perdido. Éste es, tal vez, el gran acierto estilístico de Soriano, haber sabido unir la narración épica al deporte que más se alimenta de la hazaña, de la historia que se narra de padres a hijos en un río interminable por muy sepia, blanquinegro o analógico que sea su recuerdo.
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domingo, 12 de febrero de 2012
jueves, 17 de marzo de 2011
Fútbol y parcialidad
Hace ya muchos años que estoy convencido de esto: la objetividad y la neutralidad no existen, ni han existido nunca. Cualquiera que tenga que mediar, juzgar, decidir, entre dos partes enfrentadas tiene el deber de intentar comportarse de la manera más imparcial posible y, para ello, lo más importante es ser consciente de su propia parcialidad. Empiezo con esta reflexión porque hoy (le pese a quien le pese) quisiera escribir sobre fútbol y, desde luego, no hay un ámbito donde se aprecie con mayor claridad la afirmación con la que empezaba este texto que el fútbol, un deporte que se ha convertido en muchas cosas: a ratos arte, a ratos ocio, a ratos violencia, pero siempre negocio. Si resultan poco creíbles aquellos que quieren presentarse como neutrales en cualquier ámbito de la vida, en el fútbol, los que se pretenden abanderados de la imparcialidad demuestran continuamente la inconsistencia de su pose y acaban, en ocasiones, por parecer más radicales que quienes claramente muestran sus preferencias. Si alguien estaba echando de menos que me refiriese a un libro, que no se preocupe. Evidentemente, estos simples apuntes se justifican como reflexión tras la lectura de El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano, un libro escrito por un apasionado del fútbol y que se convierte en un gozo pleno para el lector futbolero, como es mi caso. Empieza Galeano el libro con una declaración de intenciones, mostrando cuáles son los colores que defiende desde niño, pero advirtiendo que se declara un aficionado al buen fútbol se lo ofrezca quien se lo ofrezca. Como puede suponerse, ante tal declaración de neutralidad, se encendieron en mi cerebro las alarmas del escepticismo. Sin embargo y como ya he dicho más de una vez, tengo por costumbre adoptar una empatía incondicional hacia el autor de un ensayo durante el tiempo que me dedico a su lectura. Así que me abandoné a sus páginas y la experiencia fue muy satisfactoria. El futbol a sol y sombra es una colección de anécdotas y datos históricos hilvanados con un fino estilo que se mueve entre la narración y la exposición. Está organizado en torno a breves epígrafes o capítulos que van desgranando la historia del propio deporte, de sus reglas y de los Campeonatos del Mundo disputados hasta la fecha. Además, el libro es un repaso a la figura de algunos de los mejores futbolistas de todos los tiempos, una revisión de los roles de todos los personajes que intervienen en el fútbol, un rescate de pequeñas historias y anécdotas casi olvidadas, una recopilación de goles que han conseguido sobrevivir en las memorias de los aficionados de todo el mundo. Por supuesto, no podría ser de otra manera, Eduardo Galeano ejerce también de denunciante de los excesos y la podredumbre que esconde el negocio en el que se ha convertido el fútbol. Lo que no esperaba era la sorpresa que estaba reservada para mí en las últimas páginas del libro. En el último de los anexos, se hacía una breve crónica del Mundial de Sudáfrica y aquí pude ver con claridad que mi respetado Eduardo Galeano no es más que otro parcial que pretende ponerse la máscara de la neutralidad. Después de todo un libro con grandes elogios hacia el futbolista atacante, amigo del regate y de adornarse con habilidades espectaculares, después de declararse aficionado al buen fútbol venga de donde venga, después de criticar a aquellos que se dedican a destruir el fútbol e impedir que se juegue, parece que estas teorías se derrumban cuando llegamos al presente. Comienza el autor lamentándose del más que discreto papel de las selecciones africanas en el campeonato y alegrándose del buen trabajo realizado por su país, Uruguay. Lo que no se dice es que el último país africano eliminado, Ghana, tuvo que hacer las maletas después de que Uruguay lo eliminara usando una estrategia sucia, lamentable. Recordemos que el delantero Mario Suárez evita un gol con la mano que hubiera supuesto la derrota de Uruguay y que el penalty señalado como consecuencia de su acción fue fallado por unos africanos a los que no les acompañó la fortuna, ni el trato deportivo. Por otro lado y tratándose de uno de los Mundiales, en el que el ganador lo ha hecho con una mayor solvencia y calidad, el comentario sobre España y sus jugadores es mínimo: se limita a reconocer que se ganó en buena ley, gracias a un fútbol solidario y a la habilidad de un mago llamado Iniesta. Y nada más. Por último, señala la decepción que supusieron las dos grandes estrellas del momento: Cristiano Ronaldo y Messi. Sin embargo, las razones que se aducen en cada caso son bien distintas. Se nota que uno es suramericano y el otro, por lo que parece, un simple portugués. De Messi se dice que hizo lo que pudo. Estoy de acuerdo. Messi hizo lo que pudo en una selección tan desastrosa como el carácter de su seleccionador. Y pienso que lo mismo le sucedió a Cristiano Ronaldo. De éste, en cambio, sólo se dice que estaba demasiado ocupado en autoobservarse cuando, precisamente, el portugués es uno de esos jugadores que Galeano alaba durante el libro, de los que sacrifican la eficiencia en favor de la belleza y prefieren adornarse con taconazos y regates imposibles, que con frecuencia le hacen recibir insultos. Si Portugal estuviera en el Cono Sur, otro gallo le cantaría.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Madridistas del mundo, uníos...
Estoy harto de la prensa deportiva de Madrid. Venden una imagen del madridismo que hace mucho daño a una afición, en su mayoría crítica y razonable. Por eso, pido a los futboleros y madridistas que se pasen por aquí que echen un vistazo al manifiesto promovido desde el blog Fans del Real Madrid:
http://www.fansdelmadrid.com/?p=6423
http://www.fansdelmadrid.com/?p=6423
jueves, 20 de mayo de 2010
Algún día había que empezar
Desde hace algún tiempo, sigo y comento algunos de los blogs de fútbol que conozco. Sin embargo, apenas me atrevía a hacer veladas referencias al tema en mi propio blog. Espero que hoy comience una nueva etapa. Empiezo con un tema que me preocupa hace tiempo. Como sabéis los que me conocéis, soy madridista y, para romper estereotipos, no soy raulista. Me permito copiar aquí el comentario que he escrito al respecto en otro blog, ya que creo que deja bastante clara mi postura al respecto:
Pues lo de Raúl, de verdad, nos va a lastrar hasta el fin. Eso de tener que regalarle minutos para que no se cree mal ambiente con él, lo que provoca es mal ambiente en los demás que compiten por sus puestos (lo digo en plural porque este año ha jugado, que yo recuerde, como delantero y como mediapunta). En ningún club que pretenda ser un referente en Europa, repito en ninguno, puede darse la circunstancia de anteponer el cabreo de un veterano a las necesidades y aspiraciones del equipo. Lo digo claro aunque se me critique, ser raulista hoy en día (me refiero a los que piensan que debe ser titular) es perjudicar al equipo. Habrá quién inocentemente crea que soy exagerado y que el 7 se gana los minutos que juega. A éstos les digo que el tiempo va a poner las cosas en su sitio. Otros, sobre todo periodistas, con una declarada afición hacia el Barsa y el Atlético, afirman con sonrisa maliciosa que el 7 se lo merece todo, que hace vestuario, enseña los valores del club, etcétera. A estos les digo que saben muy bien lo que hacen, porque su objetivo es la inestabilidad deportiva del club: ¿Raúl enseña los valores del club? Guardiola sí enseña los valores del Barsa y, cuando hubo que largarlo como jugador porque ya no estaba para competir, no se tuvo ningún problema en despedirlo. A mí no me parece mal que Raúl tenga un cargo en el club y creo que podría hacer un buen trabajo en la cantera si dejara de pensar en el dinero y en su propio egoísmo personal. ¿Raúl es un símbolo? No digo que no lo haya sido, pero su comportamiento actual deja mucho que desear y esa no es precisamente la actitud que hay que enseñar a los futbolistas de este equipo. El Madrid debe ser una élite y hay gente como Zidane que supo ver a tiempo que debía dejar el sitio a otros. ¿Queremos un símbolo? Lo tenemos joder: el escudo, la camiseta blanca, el estadio: esos son los símbolos de un club. Actualmente, en la plantilla, están surgiendo otros jugadores cuya profesionalidad es también un símbolo en el campo: Ronaldo, Albiol, Pepe, Alonso, Van der Vaart. Y en el banquillo, tenemos a un pedazo de futbolista que ve los partidos nervioso, pregunta a los periodistas como va el Barsa, celebra los goles como si fueran suyos y encima no pide minutos por decreto: Mahamadou Diarrá. Un tipo que, por ser centrocampista y africano, tiene el San Benito de ser mediocentro únicamente destructivo. Este tipo ha tenido la mala suerte de jugar partidos en los que el equipo ha perdido, pero yo no creo que haya sido por su responsabilidad. Os dejo el link de un video, en el que se ven detalles de su actuación ante el Sevilla en el Pizjuán.
Pues lo de Raúl, de verdad, nos va a lastrar hasta el fin. Eso de tener que regalarle minutos para que no se cree mal ambiente con él, lo que provoca es mal ambiente en los demás que compiten por sus puestos (lo digo en plural porque este año ha jugado, que yo recuerde, como delantero y como mediapunta). En ningún club que pretenda ser un referente en Europa, repito en ninguno, puede darse la circunstancia de anteponer el cabreo de un veterano a las necesidades y aspiraciones del equipo. Lo digo claro aunque se me critique, ser raulista hoy en día (me refiero a los que piensan que debe ser titular) es perjudicar al equipo. Habrá quién inocentemente crea que soy exagerado y que el 7 se gana los minutos que juega. A éstos les digo que el tiempo va a poner las cosas en su sitio. Otros, sobre todo periodistas, con una declarada afición hacia el Barsa y el Atlético, afirman con sonrisa maliciosa que el 7 se lo merece todo, que hace vestuario, enseña los valores del club, etcétera. A estos les digo que saben muy bien lo que hacen, porque su objetivo es la inestabilidad deportiva del club: ¿Raúl enseña los valores del club? Guardiola sí enseña los valores del Barsa y, cuando hubo que largarlo como jugador porque ya no estaba para competir, no se tuvo ningún problema en despedirlo. A mí no me parece mal que Raúl tenga un cargo en el club y creo que podría hacer un buen trabajo en la cantera si dejara de pensar en el dinero y en su propio egoísmo personal. ¿Raúl es un símbolo? No digo que no lo haya sido, pero su comportamiento actual deja mucho que desear y esa no es precisamente la actitud que hay que enseñar a los futbolistas de este equipo. El Madrid debe ser una élite y hay gente como Zidane que supo ver a tiempo que debía dejar el sitio a otros. ¿Queremos un símbolo? Lo tenemos joder: el escudo, la camiseta blanca, el estadio: esos son los símbolos de un club. Actualmente, en la plantilla, están surgiendo otros jugadores cuya profesionalidad es también un símbolo en el campo: Ronaldo, Albiol, Pepe, Alonso, Van der Vaart. Y en el banquillo, tenemos a un pedazo de futbolista que ve los partidos nervioso, pregunta a los periodistas como va el Barsa, celebra los goles como si fueran suyos y encima no pide minutos por decreto: Mahamadou Diarrá. Un tipo que, por ser centrocampista y africano, tiene el San Benito de ser mediocentro únicamente destructivo. Este tipo ha tenido la mala suerte de jugar partidos en los que el equipo ha perdido, pero yo no creo que haya sido por su responsabilidad. Os dejo el link de un video, en el que se ven detalles de su actuación ante el Sevilla en el Pizjuán.
jueves, 2 de julio de 2009
Internet y el fútbol
Al hilo de los acontecimientos que se vienen produciendo en el mundo del fútbol en relación al siempre apasionante mercado de fichajes, y en un intento por recuperar el recurso a la sonrisa en este blog algo estancado, se me han ocurrido una serie de nombres ingeniosos para páginas web de tendencia madridista y por tanto con declarada aversión hacia lo blaugrana. Los pongo a vuestra disposición. Si alguien se anima a crear una web con alguno de estos nombres, lo puede tomar prestado:
www.laportadealcala.comwww.pedritoperonoheidi.com
www.quiencoñoestoureyaya.com
www.tritranquilosuenaanervioso.com
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