Si es cierto (como se ha repetido hasta el hartazgo) que los contextos adversos y las situaciones difíciles son el mejor caldo de cultivo para que nazca una buena literatura, sin duda, el siglo XX en Europa ha debido ser uno de esos momentos de la Historia, en los que se escriben obras de una repercusión tan grande que todavía no podemos calibrar con la suficiente distancia. La proliferación de regímenes totalitarios por todo el continente, tanto desde el extremo soviético como en el extremo fascista, habrían tenido, así, como efecto una nutrida creación literaria. Si consideramos cierto este axioma, es normal que, habitualmente, el Premio Nobel de Literatura recaiga sobre autores casi desconocidos de Europa del Este, en cuyas biografías concurren las condiciones de vida sufridas durante ciertos episodios de la Historia más reciente. Me explico. Ya sabemos que el Premio Nobel de Literatura no se entrega únicamente por la calidad literaria contrastada de sus ganadores. Hay, además, un componente que suele aparecer siempre en la justificación de la decisión final: el compromiso, un compromiso que puede adoptar formas muy distintas y que suele traducirse en forma de denuncia. En el caso de los regímenes de la órbita soviética, no es necesario explicar en qué consiste este compromiso: el mero hecho de atreverse a escribir de espaldas a la corriente del feliz realismo socialista es ya una actitud tan atrevida, tan rebelde, tan claramente opuesta al sistema omnipotente, que no hace falta los textos se refieran de forma explícita a temas políticos para que se pueda premiar a un escritor con el adjetivo comprometido. Pero no voy a escribir de un escritor, sino de una escritora, de la ganadora del Premio Nobel en 2009. Herta Müller nació en 1953 en la región de Banato, en Rumanía. Perteneciente a una minoría suaba de origen germano asentada en la zona desde el siglo XVIII, la narrativa de Herta Müller se centra en la destrucción de las relaciones humanas que producen los mecanismos de los estados totalitarios. Su primer libro, En tierras bajas, es una colección de relatos muy breves en torno a una especie de novela corta, que es la que da título a la obra. Publicado en la Rumanía de Ceacescu con una poda de censura en 1982, no aparece íntegramente hasta 1984, una vez que Müller se ha exiliado en Alemania. No es extraño que el aparato de poder se preocupara de recortar su prosa. No podía consentirse una visión del campesinado que no pasara por la alegría de trabajar para el progreso del Estado; que alguien se atreviera a contar la cotidiana depresión que era el mundo rural en las dictaduras soviéticas era algo más que un acto de rebeldía, era un peligro para la delicada estabilidad nacional. Y es éste precisamente el gran pecado, la gran virtud, de estos relatos, su capacidad para estremecernos a través de la brutalidad y la pérdida de esperanza que se había instalado en la nada cotidiana de la vida de millones de personas. Los cuentos, narrados en su mayoría desde una voz infantil, se alternan ofreciendo versiones crudas de realismo con disgresiones casi surrealistas que nos recuerdan que estamos frente a una obra literaria y no asistiendo a las grabaciones de un reportero. Creo que ya va siendo hora de terminar con este alegato y es justo que me despida dando la voz a Herta Müller, verdadera protagonista de este espacio. Y quiero hacerlo de la misma forma en que ella se despide del lector en el libro. En un extraño vuelco final, el último relato de En tierras bajas, otorga la voz a una narradora que ya es adulta y que se permite la licencia de recurrir a un toque de humor melancólico. El brevísimo cuento se llama Día laborable y finaliza así: “En la tienda de ultramarinos me compro un periódico, luego camino hasta la parada de tranvía y me compro unos bollos, y al llegar al quiosco de periódicos me subo al tranvía. Me bajo tres paradas antes de subir. Le devuelvo el saludo al portero, que me saluda luego y piensa que otra vez es lunes y otra vez se ha acabado la semana. Entro en la oficina, digo adiós, cuelgo mi chaqueta en el escritorio, me siento en el perchero y empiezo a trabajar. Trabajo ocho horas.”
viernes, 19 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Otros colores
En muy contadas ocasiones (por no decir nunca), tiene uno la oportunidad de tomarse una cerveza con un escritor al que admira, con el que sabe, gracias a las horas que ha pasado junto a su prosa, que podría estar hablando durante toda la tarde de literatura, política, cine, ciudades, arte, gastronomía y hasta de fútbol. Afortunadamente, hay una muy buena manera de paliar esta dificultad, un extraño género de libro con el que, en ocasiones, algunos autores nos agradecen la devoción que les profesamos. Tengo la suerte de contar entre mis escritores favoritos a Orhan Pamuk y escribo que se trata de una suerte porque en su bibliografía está el maravilloso Otros colores, libro al que dediqué los últimos días del pasado verano y en el que tenía más la impresión de estar escuchando a un amigo junto a la barra de un bar que la de estar en mi casa, aguantando como podía las temperaturas de agosto. Otros colores es ese tipo de libros al margen de la ficción y del ensayo como cuerpo unitario organizado, donde bajo la apariencia de columnas periodísticas, páginas de diario íntimo, memorias y narraciones breves, se puede aprender muchísimo de Estambul, la identidad turca, los terremotos, el proceso de construcción narrativa, las relaciones entre un padre y una hija, la historia de la novela moderna, la cuestión oriente – occidente, los paisajes, los relojes, el tabaco... Con este tipo de libros, los autores pagan la deuda que mantienen con sus lectores. Nos sentimos tan reconfortados en las ficciones que nos presentan los maestros de la narrativa que acabamos viéndolos como amigos y ya se sabe que a todos nos encanta preguntar a sus amigos sobre los intereses, las aficiones, las preocupaciones que rondan nuestra cabeza. Evidentemente, no hay una reciprocidad, nunca conseguiremos que Pamuk nos conteste a las preguntas que querríamos hacerle. Pero no importa, lo de menos es preguntar, ya que nuestro interés por preguntar nace de la necesidad de que nos hable y nos regale unas líneas más para seguir manteniendo el artificio de sentido con el que hacemos habitable la ocasional frialdad del mundo que nos rodea, sentir que sigue habiendo gente cuyo pensamiento funciona de forma semejante al nuestro y sonreír comprendiendo los guiños, las complicidades, los comentarios elegantes y precisos con los que desgrana su sistema de ideas. En definitiva, Otros colores es un libro que recomiendo a quien haya leído a Pamuk y no entienda de dónde viene la concesión del Nobel y su repentina repercusión internacional. Quizá, después de haberlo leído entienda, que su normalidad, su sinceridad, su verdadera preocupación por la Turquía en la que vive y la Europa que le avecina, son los argumentos más convincentes para defender su maestría en el arte de la novela.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Ahora lo entiendo todo
Hace algunos meses, un libro me hizo reflexionar bastante sobre un tema que me interesa y desde una óptica muy básica. Sin ánimo de querer dar una lección de nada a nadie y, por supuesto, tratando de no aburrir a quien ande leyéndome, me gustaría compartir aquí las conclusiones a las que el autor del libro nos quiere hacer llegar, unas conclusiones que puede extraer cualquiera que se acerque al texto. La primera conclusión y quizá la más sorprendente es que puede existir una disciplina artística sin nombre. Puede darse el caso de que tal arte se practique durante años, siglos, sin que sea necesario ponerle un nombre. A tal extremo llega este fenómeno, que, incluso, puede escribirse un ensayo sobre dicha disciplina artística sin que el autor, consciente de la falta de nombre, caiga en la vanidad de proponer uno. Es este hecho, en sí mismo, aleccionador en tiempos como el nuestro en el que, ávidos de cualquier novedad, asfixiamos en el océano de las etiquetas a toda tendencia o idea aparentemente fresca, sea realmente innovadora o simplemente algo superficial y sin importancia. Por cierto, aquella disciplina sin nombre era la Literatura. Pero vayamos al tema principal del libro, el autor centra su atención durante algunas páginas en la construcción de tramas. Con respecto a este tema, parece que un punto decisivo en la calidad de las tramas es su carácter unitario, es decir, la ausencia de digresiones. Además, dado que la trama es una construcción artística, el material más importante para levantar este edificio es la propia organización de los hechos. De esta forma, el desarrollo de la acción y su resolución tienen que surgir de la propia lógica de los acontecimientos y no puede recurrirse a lo fácil, al deus ex machina. Es la organización de los hechos (y en un discreto segundo lugar la música) la que hace que la trama sea atractiva para el público y no el lenguaje que se utiliza, ni los caracteres de los personajes. Tranquilos, no estoy haciendo un curso de guionista de cine, ni pretendo empezar una carrera como dramaturgo. Simplemente, he leído la Poética de Aristóteles y he comprendido de golpe por qué ocupan más espacio en la parrilla televisiva las películas de Steven Seagal que las de David Lynch, por qué todos conocemos a más de veinte personas que hayan leído El niño del pijama de rayas y menos de diez que se hayan atrevido con Ulises de James Joyce. Y es que, desde el punto de vista de Aristóteles, aquellos que le admiramos y que buscamos el talento y la originalidad en el arte, parece ser que estamos completamente equivocados. Sorprendentemente, aquellos que dicen pasar de la filosofía, que huyen de todo lo que huele a intelectualidad y de estos razonamientos aburridos, son profundamente aristotélicos en sus gustos literarios y cinematográficos.
jueves, 21 de octubre de 2010
La noche de los tiempos
Todos los que tuvimos la mala suerte de vivir durante la dictadura franquista y de despertarnos a la conciencia política y a la rebeldía en aquellos años ingratos sabemos lo despreciable y lo cruel que fue aquel régimen, y la saña con la que fueron perseguidos y muchas veces torturados quienes militaban contra él. Pero también sabemos que no era la Alemania de Hitler, ni la Unión Soviética de Stalin, ni siquiera la de Bréznev, ni la Rumania de Ceausescu, y que no fue igual la dictadura en el espanto de los primeros años de posguerra que en los sesenta.
Probablemente, no sea la mejor manera de hablar de los crímenes comentidos durante las guerras y las dictaduras utilizando el argumento falaz de la comparación. El dicho que las hace odiosas se basaría, en este caso, en que el dolor de las familias represaliadas no tiene nada que ver con el número de víctimas o la duración de los regímenes autoritarios. Por mucho que queramos quitarle importancia a la dictadura de Franco al compararla con la de Hitler o Stalin, a cualquier familia de Badajoz o la cuenca minera de Huelva le duele lo que ha sufrido y sigue sufriendo y no puede consolarse pensando que en Siberia murió más gente o Auschwitz. Pero como esta es la lógica que utiliza el escritor, voy a hacer una apreciación de su novela utilizando sus mismas armas. Si se trata de comparar, no entiendo por qué se centran tanto las críticas del libro en escritores como Alberti o Bergamín y apenas se menciona a personajes como Queipo de Llano. En comparación, las ridículas fiestas organizadas por Alberti en la Alianza de Intelectuales Antifascistas no tienen ninguna trascendencia cuando se enfrentan a la inmensa cantidad de asesinatos que se cometieron bajo las órdenes de personajes como el que acabo de mencionar.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Las coplas del hombre cuchara II: Neighbour, neighbour
Vecino, vecino
Vecino, no te extrañes
de las cosas que pasan en mi casa.
Tú siempre andas buscando
algo para poder chismorrear.
Para ti, no supuso una molestia
y mis dificultades aumentaron.
Algo desagradable va a pasarte.
Te lo advierto, vecino, no te extrañes
de las cosas que pasan en mi casa.
Vecino, no te extrañes
de mi manera de ganarme el pan,
porque, como ya sabes,
no soportas mis éxitos.
Te asomas con sigilo
y avanzas lentamente a mi vestíbulo.
Pegas a la pared, con pegamento,
tus inmensas orejas.
Te lo advierto, vecino, no te extrañes
de las cosas que pasan en mi casa.
Vecino, no te extrañes
de la forma en que trato a mi mujer.
Te pasas todo el tiempo
fabricando mentiras y tergiversaciones.
Tú no tienes problemas y me causas molestias.
Algo desagradable va a pasarte.
Te lo advierto, vecino, no te extrañes
de las cosas que pasan en mi casa.
Vecino, no te extrañes
de mi manera de ganarme el pan,
porque, como ya sabes,
no soportas mis éxitos.
Él no tiene problemas y me causa molestias.
Algo desagradable va a pasarte.
Te lo advierto, vecino, no te extrañes
de las cosas que pasan en mi casa.
viernes, 9 de julio de 2010
Vista cansada
jueves, 3 de junio de 2010
Invisible
domingo, 30 de mayo de 2010
jueves, 20 de mayo de 2010
Algún día había que empezar
Pues lo de Raúl, de verdad, nos va a lastrar hasta el fin. Eso de tener que regalarle minutos para que no se cree mal ambiente con él, lo que provoca es mal ambiente en los demás que compiten por sus puestos (lo digo en plural porque este año ha jugado, que yo recuerde, como delantero y como mediapunta). En ningún club que pretenda ser un referente en Europa, repito en ninguno, puede darse la circunstancia de anteponer el cabreo de un veterano a las necesidades y aspiraciones del equipo. Lo digo claro aunque se me critique, ser raulista hoy en día (me refiero a los que piensan que debe ser titular) es perjudicar al equipo. Habrá quién inocentemente crea que soy exagerado y que el 7 se gana los minutos que juega. A éstos les digo que el tiempo va a poner las cosas en su sitio. Otros, sobre todo periodistas, con una declarada afición hacia el Barsa y el Atlético, afirman con sonrisa maliciosa que el 7 se lo merece todo, que hace vestuario, enseña los valores del club, etcétera. A estos les digo que saben muy bien lo que hacen, porque su objetivo es la inestabilidad deportiva del club: ¿Raúl enseña los valores del club? Guardiola sí enseña los valores del Barsa y, cuando hubo que largarlo como jugador porque ya no estaba para competir, no se tuvo ningún problema en despedirlo. A mí no me parece mal que Raúl tenga un cargo en el club y creo que podría hacer un buen trabajo en la cantera si dejara de pensar en el dinero y en su propio egoísmo personal. ¿Raúl es un símbolo? No digo que no lo haya sido, pero su comportamiento actual deja mucho que desear y esa no es precisamente la actitud que hay que enseñar a los futbolistas de este equipo. El Madrid debe ser una élite y hay gente como Zidane que supo ver a tiempo que debía dejar el sitio a otros. ¿Queremos un símbolo? Lo tenemos joder: el escudo, la camiseta blanca, el estadio: esos son los símbolos de un club. Actualmente, en la plantilla, están surgiendo otros jugadores cuya profesionalidad es también un símbolo en el campo: Ronaldo, Albiol, Pepe, Alonso, Van der Vaart. Y en el banquillo, tenemos a un pedazo de futbolista que ve los partidos nervioso, pregunta a los periodistas como va el Barsa, celebra los goles como si fueran suyos y encima no pide minutos por decreto: Mahamadou Diarrá. Un tipo que, por ser centrocampista y africano, tiene el San Benito de ser mediocentro únicamente destructivo. Este tipo ha tenido la mala suerte de jugar partidos en los que el equipo ha perdido, pero yo no creo que haya sido por su responsabilidad. Os dejo el link de un video, en el que se ven detalles de su actuación ante el Sevilla en el Pizjuán.
viernes, 7 de mayo de 2010
Las coplas del hombre cuchara I: Spoonman
El hombre cuchara
Experimenta el ritmo
a través de tus manos,
hombre cuchara, roba
el ritmo mientras puedas,
que tu voz verbalice
el ritmo sin ayuda,
que tu voz verbalice
el ritmo cuando estés
completamente a solas.
Hombre de la cuchara,
confluye con tus manos.
Sálvame, estoy contigo
en tu proyecto. Sálvame.
Mis amigos son, todos,
indios, sin excepción.
Mis amigos son, todos,
morenos y rojizos.
Mis amigos son, todos, esqueletos,
sienten latir el ritmo entre sus huesos.
Hombre de la cuchara,
confluye con tus manos.
Sálvame, estoy contigo
en tu proyecto. Sálvame.
Experimenta el ritmo
a través de tus manos,
hombre cuchara, roba
el ritmo mientras puedas.
jueves, 6 de mayo de 2010
El ciego Pew
El impulso para leer La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson se lo debo a Borges. Después de haberlo terminado, me siento al final de un camino que he transitado en sentido contrario y que empezó hace muchos años con el descubrimiento de un soneto de gran madurez del poeta argentino, cuyo título es Blind Pew y que hace referencia al gran clásico de la literatura juvenil y de aventuras. En aquel tiempo, consciente de lo tardía que había sido mi incorporación a la comunidad de lectores, el título del poema me resultaba un enigma y lamentaba no haber recurrido a Stevenson en una adolescencia no tan provechosa como me hubiera gustado. La isla del tesoro se quedó en la lista de asignaturas pendientes con un lamento hasta que, hace un par de meses, encontré las ganas suficientes para acometerlo. Probablemente, uno no termina de entender del todo a los escritores que admira hasta que no ha bebido de sus fuentes, hasta que no comparte las referencias de su universo cultural. Sólo entonces se puede hablar de un perfecto desconocido con el cariño que se podría hablar de un hermano. Borges fue un niño marcado por su destino. Desde muy pequeño, Borges fue hablante nativo de las dos lenguas con las que construyó su identidad social, la española y la inglesa. También desde muy pequeño, su padre le abre las puertas de su biblioteca y lo arroja al seno de los libros. Entre estas lecturas tempranas, está La isla del tesoro. ¿Por qué se desarrolla semejante fascinación por esta novela? ¿Cómo se convierte el pirata Pew, uno de los protagonistas de las primeras páginas del libro, en una voz tan potente de la confederación de almas que conforman al poeta bonaerense? Borges fue un niño marcado por la herencia de su padre, Jorge Guillermo Borges, un escritor frustrado que pide a su hijo que dedique su vida a escribir, un hombre que a causa de una patología pierde la visión. Burlas del destino: Borges consigue ser el escritor que su padre nunca pudo ser, pero no se libra de la influencia de la enfermedad paterna y acaba por quedarse ciego. Es, en este contexto, donde podemos valorar la importancia del ciego Pew para un Borges que había asistido durante su adolescencia a la pérdida de visión de su padre. Una mancha de oscuridad crecía en silencio alrededor del poeta argentino, una oscuridad densa que esperaba el momento oportuno para apoderarse de él. Como bien resume el soneto, el pirata Pew es poco menos que un paria, debido a su condición de ciego y a su vida mendicante, pero albergaba la esperanza de un tesoro que tuvo y está enterrado en playas lejanas. De la misma forma, Borges también tuvo el tesoro de su infancia y asiste a la amarga realidad de perder el sentido más preciado para un lector empedernido. Se siente robado, empujado a una vida paria y dependiente, pero también tiene su esperanza en una lejana costa. Y así es como termina el soneto:
A ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte.
miércoles, 21 de abril de 2010
Calderón, un moderno
miércoles, 7 de abril de 2010
Spleen de Madrid
jueves, 11 de marzo de 2010
Lazarillo de Tormes
Hace ya algunos años, una profesora de
jueves, 4 de marzo de 2010
Garcilaso de la Vega
Durante las pasadas navidades, por necesidades de formación personal, estuve leyendo la poesía de Garcilaso de
miércoles, 17 de febrero de 2010
Nada nuevo
El cortesano (1528)
Baltasar de Castiglione
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El Festival de Cine Iberoameriacano de Huelva
Durante estos días, se está celebrando en nuestra ciudad el Festival de Cine Iberoamericano y creo que es un buen momento para reflexionar sobre ciertos matices de nuestra identidad colectiva como onubenses y de los complejos que algunas veces nos asoman en momentos de arrebato e impulsividad. El Festival de Cine Iberoamericano de Huelva es ya un viejo conocido para los profesionales del séptimo arte. Nació en el año 1975 y con ésta ya van 35 ediciones. Teniendo en cuenta las características del Festival, podemos decir que se trata de un evento que goza de muy buena salud. Me explico: normalmente, la gran enfermedad que asola a cualquier empresa cultural es la falta de rentabilidad económica y nuestro Festival, en este punto, es muy especial. Aunque no haga falta mencionarlo, conviene recordar que el cine no es el punto fuerte de nuestra capital: solo contamos con un local provisto de salas comerciales, en el que (al margen de la semana del festival) el único criterio de selección de las cintas es la taquilla. A esto hemos de añadir, cómo hemos asistido impasibles a la caída y el derrumbe del resto de salas de cine de nuestra ciudad. Pero, lo más importante, es la escasa asistencia al Festival de espectadores que paguen su entrada, es decir, no sólo la asistencia a las películas es baja, además ,hay un sector muy importante que acude al cine subvencionado con las entradas que se reparten por las diferentes asociaciones e instituciones. Este panorama sería terrible si estuviéramos ante cualquier otra actividad cultural. Sin embargo, parece que los gestores culturales de los diferentes gobiernos (locales, autonómicos y nacionales) han entendido la importancia de mantener el festival de Huelva. Como muestra de ello,
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Si esto es un hombre
miércoles, 28 de octubre de 2009
Jon Juaristi
Sé que a muchos de mis amigos de conversaciones y a muchos de los escritores y creadores que admiro, no les gusta nada lo que voy a escribir, pero lo cierto es que hay algunos ámbitos de esta vida que transcurren al margen de las diferencias sociales, ideológicas y personales, ámbitos donde la excelencia (y no estoy hablando de fútbol) facilita la comunicación y construye vínculos entre realidades aparentemente alejadas. Uno de esos ámbitos es la poesía, más bien, la buena poesía y ésta es una idea que siempre mantendré por más que haya muchos simplificadores que se empeñen en negarla. Aprendí esta verdad hace ya algunos años, leyendo a T. S. Eliot. Nunca me habría imaginado la conmoción que iban a producirme los poemas de un hombre que se atrevió a hacer una declaración que me todavía me escuece citar: “Clásico en literatura, Monárquico en política y Anglo-católico en religión". Este verano, leyendo un volumen de poesía reunida de Jon Juaristi, he sentido lo mismo. Probablemente, no haya nadie que me haga dudar más, desde un punto de vista ideológico, que esas personas que fueron militantes en la extrema izquierda en su juventud y ahora se arrepienten. Esos arrepentidos que piensan toda la izquierda política es un lodazal porque ellos militaron en su juventud en un grupo revolucionario que acabó por traicionarse a sí mismo (y que, dicho sea de paso, nunca fue de izquierda). Probablemente, la etiqueta nacionalista español es la que más rechazo me produce, porque une la irracionalidad del nacionalismo con una idea de España, que se aleja de las concepciones descentralizadas y federales por las que yo apuesto. Todas estas diferencias me alejaban de Jon Juaristi y, sin embargo, creo que se trata de uno de los mejores poetas del ámbito nacional. La línea de su poesía es la de la claridad, una claridad que trasciende los límites de la poesía de la experiencia a través de una ironía y un sarcasmo demoledores, una actitud escéptica capaz de atravesar cualquier conciencia y dejarla en un estado de desasosiego. Los poemas de Jon Juaristi viajan de la belleza a la indolencia, del desengaño al humor, de la tristeza a la ira, con una naturalidad que puede hacer temblar de emoción, una vez se reflexiona sobre lo leído. Por todo esto, lo afirmo sin temor: a pesar de todas diferencias ideológicas, me parece que sus poemas son de una calidad envidiable y creo que sus afinidades políticas y los medios de comunicación en los que suele aparecer alejan a potenciales lectores que, dejándose llevar por el prejuicio ideológico, desdeñan a una de las voces más auténticas del panorama literario actual.
miércoles, 14 de octubre de 2009
En medio de ninguna parte de J. M. Coetzee
miércoles, 7 de octubre de 2009
El diluvio de J. M. G. Le Clézio
Cuando en octubre de 2008, se anunció que el nuevo premio Nóbel sería Jean -Marie Gustave Le Clézio, novelista como casi siempre, francés y un absoluto desconocido para el gran público en general y, estoy seguro, para gran parte del sector librero de nuestro país, fuimos muchos los que nos anotamos un nuevo nombre en la lista de escritores pendientes y estuvimos al acecho de que llegaran a las librerías más cercanas algunos volúmenes del nuevo mesías. Esta actitud constituye casi siempre un error. Me explico. Cuando se concede el premio Nóbel, se abre la veda a las reediciones de uno de esos muchos escritores con talento que han tenido la suerte de ser señalados por
lunes, 24 de agosto de 2009
Versos de Jon Juaristi que me han impresionado
se agotarán también. Pero habrá tiempo
para escribir palabras con sentido,
palabras que revienten de sentido
en cristal empañado y plata sucia.
Poema: Cera votiva en Westminster Abbey
Libro: Poesía reunida (1985 - 1999)
viernes, 24 de julio de 2009
Peñón de Gibraltar y economía
El miércoles 22 de julio, mientras desayunaba, escuché al señor Estebán González Pons hacer unas declaraciones que me resultaron sorprendentes por incomprensibles para mí que soy un profano en lo que economía se refiere. Las declaraciones iban referidas a la visita del ministro de asuntos exteriores a Gibraltar y, como ya puede suponerse, el señor González Pons se manifestaba inequívocamente en contra. Entre otros argumentos, el que más llamó mi atención fue el que esgrimía que la visita estaba perjudicando económicamente a la zona. Vayamos por partes. Desde un punto de vista meramente ideológico, la posición contraria del Partido Popular a la visita es, en cierto modo, comprensible, ya que es de sobra conocida la preocupación de la derecha española por las cuestiones relacionadas con la unidad territorial de España y la soberanía y hay que reconocer que la presencia del gobierno español en un territorio a través de su ministro de exteriores es, en cierto modo, un reconocimiento explícito de la extranjería del territorio de Gibraltar. No quiero con esto que se piense que apoyo estas líneas ideológicas o estas preocupaciones políticas. Si de mí dependiera, recortaría ese trozo de tierra y lo pegaría a Inglaterra. Lo cierto es que la polémica sobre el Peñón me parece tremendamente estúpida e improductiva y la preocupación por estos temas refleja, en mi opinión, una falta de sensibilidad hacia los verdaderos problemas sociopolíticos nacionales e internacionales. Pero volviendo a las declaraciones y, en concreto, al argumento económico ¿sería alguien tan amable de explicarme de qué manera puede la mera presencia de Moratinos en Gibraltar perjudicar a la economía, es decir, aumentar el paro, disminuir el consumo, incrementar la inflación, disparar el precio de la vivienda y los alimentos, destruir puestos de trabajo, hundir la bolsa, devaluar la moneda o favorecer procesos de deslocalización de empresas? No sé si dispongo de un conocimiento tan reducido como para no entender las grandes claves de la actualidad o se trata, sin embargo, de un recurso. El típico recurso político de oposición ahora que se ha agotado el filón de la crisis, que ha descendido como todos los veranos el paro, ahora que la trama Gürtel aprieta y amenaza con la hundir la carrera política de muchos prohombres que han tenido la bendición de la ejecutiva del partido durante todos estos años. Supongo que sólo aquellos que asisten a los cursos del campus FAES pueden llegar a comprender análisis sociales y económicos tan finos.
jueves, 2 de julio de 2009
Internet y el fútbol
www.pedritoperonoheidi.com
www.quiencoñoestoureyaya.com
www.tritranquilosuenaanervioso.com
jueves, 11 de junio de 2009
Verano
jueves, 21 de mayo de 2009
Mario Benedetti
La tristeza me obliga. Como ya todos sabréis ha muerto el poeta uruguayo Mario Benedetti, dejando atrás una productiva historia personal de 88 años. Quisiera sumarme al dolor colectivo que sienten los lectores y lectoras estos días con unas líneas en recuerdo de este sensacional personaje. Ante todo, Mario Benedetti ha sido y será un maestro, un iniciador que ha llevado de la mano a muchos jóvenes y adolescentes en un viaje de ida, un viaje en el que se empieza a intuir qué es un verso, un poema, la poesía, lejos de los manidos y ofensivos clichés. En su obra nos hemos hecho adultos, con ella hemos educado nuestros sentimientos, nuestro pensamiento afectivo, a través de ella hemos encontrado puentes para arriesgarnos a garabatear alguna libreta, su obra nos ha regalado un microcosmos en el que analizar nuestras vidas, un espacio de libertad en el que repensar la más reciente historia política y económica. Del brazo de Benedetti, hemos cruzado puertas para el entendimiento, y su magnífica literatura de aspecto sencillo nos hizo perder el miedo a Borges, el reguero melancólico de su exilio nos hizo descubrir los exilados de la madre España, su plena convicción ideológica nos dio argumentos para vencer definitivamente nuestras dudas, su modo de vivir en el amor nos dio motivos para no decaer en la búsqueda de la felicidad. Por todo ello, sentimos que su muerte es tan injusta, tan extremadamente innecesaria, y solo nos consuela la certeza de la supervivencia de las páginas que nos ha legado, una obra que será para siempre un viento renovador, una escuela permanentemente abierta, un derroche de pedagogía.